Estado: Nuevo
Año. 2004
Desde que nacemos, nos dejamos fascinar, encantar y cautivar por el mundo y por quienes nos rodean. ¿Cuál es este poder oculto que nos gobierna y nos empuja a quedar atrapados por los gestos, la mirada y la voz de los demás?
Esta es una reacción que compartimos con todos los animales que, al nacer, necesitan del cuidado de otros para sobrevivir. La fascinación que nos ancla a nuestro mundo es un producto de la evolución. Sin embargo, si los animales quedan hechizados a través de los sentidos al percibir el olor, el color o la postura de otros, en los humanos se añade un nuevo hechizo: el significado que cada uno le atribuye a las cosas. Son estos significados los que transforman nuestra fascinación, tomando el mundo exterior y recreándolo como nuestro propio mundo mental.